martes, 4 de febrero de 2014

Conozco un lugar

"Yo quiero ir a Murcia y lo que surja"

Esta navidad le dije a Silvia con la frase anterior que quería ir a Murcia a hacer negocios (dejémoslo ahí), el caso es que la frase nos convenció y la seguimos utilizando posteriormente, adaptando su significado a buena parte de situaciones y conversaciones que no vienen al caso (todo sea por mantener la reputación, claro está)

A Murcia a negociar y hacer trato nunca fui en navidad, y muy mal por mi parte, pero todo llega y finalmente AYER FUI A MURCIA.

Cuando pensamos abrir el blog, Silvia quería que la primera entrada fuese dedicada a Murcia (una vez más la famosa cita estaba presente obviamente), así que creo que este puede ser un buen momento para hablar de Murcia ya que aquel día no lo hice.

Todo comenzó ayer por la mañana en Granada (ciudad en la que estudio) al enterarme de que llevaba sin seguridad social desde 2006, TAL CUAL. Allí que fui yo a solicitar mi tarjeta sanitaria europea para un mini viaje que tengo previsto y me sueltan en toda la face la noticia. Traspuse en el primer bla bla car que me había pillado mi hermano rumbo a mi pueblo a desliar el percal en el que me hallaba. Ya de paso, todo hay que decirlo, le di a mis padres la sorpresilla de presentarme en su trabajo,sin avisar (este tipo de cosas en verdad es herencia genética, estoy bien curtida) y para festejar el puto trabajo buen funcionamiento del Estado Español y con el momento adrenalín-endorfín de la sorpresa se nos ocurrió irnos por la tarde de compras a la Nueva Condomina.

Hasta aquí todo normal.

Lo romántico y metafórico de todo este asunto fue cuando el que conducía era el más pequeño de los 4, osea mi hermano, y mis padres iban en los asientos de atrás de nuestro coche.

Cosas que pasan.

Nos hacemos mayores imagino.

Esas situaciones no las entiendo muy bien, pero me agradan la verdad.

Y nada, que no me líes no me líes, acabé llamando a mis tíos de Benidorm para que bajaran a Murcia y echarnos unas cervezas. Total, era justo la mitad de camino tanto para ellos como para nosotros. Y esta navidad ha sido la primera que hemos pasado separados por temas de trabajo. Así que había que felicitarse el año nuevo en algún momento.

Mis padres no sabían nada. La sorpresa o se hace completa o no se hace.

Aceptaron sin pensarlo, obviamente.

Murcia uniendo familias desde 2014.

Allí estábamos los 7, con nuestros 32 montaditos delante, a punto de preguntarle al camarero que si tenían uvas para recelebrar el año nuevo, rodeados de murcianicos y echándonos las risas que nos debíamos. Luego también pedimos un helado que se llamaba Softy, pero tito Andrés le modificó el nombre para pedirse un Sofi. Estaba cantado.

Ya se podía caer el mundo, que a mi esta vez me pillaba en familia.

Lo que más me gustaba era ver a mi madre riéndose con dos de sus hermanas, y es que como los hermanos no hay nadie, eso lo se por experiencia propia. Y surgió, SURGIÓ la idea de quedar cada mes y poco en Murcia a cenar juntos y vernos.

"Yo fui a Murcia y surgió"





domingo, 2 de febrero de 2014

El funeral

En la última entrada LostWords nos regalaba 7´6 minutos de vida. 
Y si la vida me parece curiosa, más me lo parece la muerte.


Acabo de enterarme de que Samir murió el fin de semana pasado. Yo ya tampoco lo conocía, llevaba años sin saber de él, y la última vez que nos cruzamos por la calle creo que ni siquiera me saludó. Y aún así, despertaba en mí cierto cariño, creo que le caía bien, quizá porque era de las pocas personas en esa clase de primaria que le hablaba sin desprecio. Él no era bueno con la gente, pero los demás tampoco le trataban bien. 


Por eso me he sobrecogido cuando he visto en mi muro de Facebook una foto suya, junto a otros dos chicos que no conozco, y he leído mensaje que la encabezaba: "Por siempre os llevaré en mi corazón, hermanos". 

Automáticamente le he hablado a otro compañero del colegio, que probablemente sabría más cosas que yo acerca del asunto, y me ha confirmado la noticia. "Cosas que pasan", ha dicho. No he querido preguntar más, pero fallecer no es ese tipo de cosas que pasan cuando tienes 23 años. Me he imaginado muchos escenarios, y no sé si quiero saber cuál es el verdadero.


Las personas no suelen estar preparadas para la muerte. Es algo que sabes que va a ocurrir, pero si llega de forma inesperada no sabes cómo reaccionar. Y entonces haces cosas absurdas, como llenar el perfil de Facebook de esa persona con mensajes de "Descansa en Paz" y "Te queremos". 

Hace unas semanas, en clase de Antropología Física, estudiamos cómo las diferentes culturas a lo largo de la historia han ido reaccionado ante la muerte; cultos, momificaciones, antropofagia (sí, hay evidencias de que en algunas tribus se comían el cuerpo del fallecido, sobre todo si era la persona más vieja y sabia, ya que así adquirían sus conocimientos),  hogueras o entierros. Y ahora, en el siglo XXI, muerte 2.0, las redes sociales al alcance de todos para recordar lo buena persona que era, que siempre se van los mejores y que nunca lo olvidarás.

Curiosa, curiosa la forma en la que evolucionamos. El día que muera, quiero ir un paso más allá. O quizá un paso más atrás, unirme a las culturas orientales y celebrar la muerte. Y que mi funeral sea lo menos triste posible, una reunión en la que la gente me recuerde por las cosas buenas, pero también haga bromas con las malas. 

Será en un espacio grande, con césped, globos de helio para jugar con ellos a poner voz de pitufo y música de fondo. No quiero flores, pero si alguien se empeña demasiado en traer una corona, quiero que luego esas flores se repartan entre los asistentes y cada uno se lleve una a casa. Incluso pensé en grabar un vídeo de despedida y ponerlo ese día para "hablar" con todos, pero primero tengo que avisar a la gente, muy pocos lo entenderían. 


Habrá canapés, refrescos y alcohol.  Que si duelen los recuerdos, se los cura con ginebra. Y no me importa si alguien quiere leer unas palabras sobre mí, -para vosotros-, que eso es muy americano y me gusta, tanto como me gustó escuchar a mi tío hablar de mi abuela aquella mañana en el cementerio.

Y es que los funerales son para los vivos. Los que más te quieren se sienten reconfortados de ver que los demás también te querían, que algo debiste hacer bien si tanta gente está acompañándote, reconfortados al descubrir que al final, vivir, ha merecido la pena.